Las plantas medicinales y sus custodios en tianguis y mercados del centro de Veracruz

Con más de 140 especies de plantas medicinales registradas, los puntos de venta populares de la herbolaria veracruzana aún tienen mucho que contar. En los mercados y tianguis del estado, es posible encontrar especies medicinales propias de selvas, costas y manglares del Golfo de México como la hierba del negro (Hyptis verticillata), el solimán (Cascabela thevetia) o el paniquesito (Malva sp.); de bosques mesófilos como el gordolobo (Bocconia frutescens), el epazote zorrillo (Dysphania graveolens) o el maltanche (Clinopodium brownei); y hasta de bosques templados, de pino-encino y praderas del Cofre de Perote o el Pico de Orizaba como el olivo (Stevia microchaeta), la calanca (Chrysactinia mexicana), el poleo mexicano (Clinopodium mexicanum), el escobillo (Baccharis conferta), el zacatito del pastor (Poaceae) o el cardo mariano (Silybum/Cirsium sp.).
Como parte de la investigación de maestría en curso que se encuentra desarrollando la primera autora, hemos visitado un total de 14 mercados y tianguis en diez municipios del centro de Veracruz para conocer aspectos etnobotánicos relacionados con su flora medicinal (Fig. 1). De manera preliminar observamos una tendencia de la comercialización tradicional de plantas medicinales frescas, recién colectadas y regionales, hacia la venta contemporánea de plantas secas, ya empaquetadas, procesadas o que vienen de grandes plantaciones en otros estados. Gracias a las entrevistas que nos han posibilitado los custodios herbolarios de dichos espacios populares de venta, ya sea por practicidad, costo, porque solo venden plantas medicinales “famosas” en internet (p.ej. lavanda, manzanilla, romero, orégano, etc.) o porque aquellas personas que conocían los lugares o se dedicaban a recolectar las plantitas silvestres van envejeciendo o falleciendo sin que hayan logrado transmitir sus conocimientos, el panorama de la herbolaria en los tianguis y mercados del estado amenaza con perder tanto la diversidad de estas especies medicinales, como los conocimientos que aun portan sus custodios y comercializadores.
En las primeras entrevistas que hemos tenido con dichos custodios y hablando de su historia, es común que mencionen la falta de interés por parte de jóvenes y niños para aprender el oficio de hierberos “porque es un negocio lento y aburrido”. Sin embargo, si bien los precios del rollito o ramo de cada planta ofrecida rondan apenas entre los $5.00 y $30.00 (Fig.2), aunado a que pueden tener muy pocos clientes en el día, para algunos de ellos el valor de su trabajo va más allá de la ganancia económica y muestran orgullosos su posición de confianza al recibir visitas de locales y externos que les piden curar, recetar, aconsejar, diagnosticar y sugerir lo que ellos consideran necesario para la salud y bienestar de las personas que aun suelen frecuentar estos espacios de intercambio.
Con todo ello, es difícil creer que, desde los mercados y tianguis cercanos al mar hasta aquellos en las faldas de los volcanes veracruzanos, están en este momento circulando cada vez menos especies vegetales medicinales y nativas con sus respectivos conocimientos asociados. Es más difícil aun pensar que, si no generamos un cambio radical que evite el olvido o indiferencia hacia las plantas medicinales y sus usos, en un futuro no muy lejano dicha flora ya no estarán más allí, al alcance de los sectores populares de la sociedad veracruzana.
Como amantes y estudiosos de las plantas y sus conocimientos, pensamos que aún no es tarde para que nuestros custodios herbolarios puedan seguir contando felizmente todo lo que saben, llevando y trayendo plantas medicinales a los mercados y tianguis desde aquellos lugares secretos donde sus abuelos les mostraron que se encontraban y ahora ellos hacen lo propio con sus jóvenes aprendices. Es así que buscamos aportar conocimiento y esfuerzo desde nuestra modesta trinchera académica para que la antiquísima tradición herbolaria se comparta cotidiana y dignamente hacia los marchantes y las generaciones futuras, con toda la trascendencia que sus conocimientos merecen y recetando todo tipo de remedios vegetales a diestra y siniestra; contando sus historias y la del mundo vegetal medicinal al que le entregan su vida y les da de comer, aunque sea un poco cada día, en cada puesto: desde la mañana hasta la hora de levantar sus tendederos.
DIARIO DE ACAYUCAN La Voz de la Gente