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El cine mexicano, entre el naufragio y la extinción

El problema más grave del carrusel de propuestas realizadas, en esta primera parte del sexenio, en torno a las políticas estatales de fomento a la cinematografía, es que ante la carencia de estudios a fondo y de comprensión de la materia se están provocando una serie —al parecer, incesante— de escándalos, que únicamente conducen a una reacción de defensa unánime e instintiva del gremio fílmico nacional, cuyo peso es avalado no sólo por premios de la Academia de Hollywood y de festivales como Berlín, Cannes o Venecia, sino porque se integra por figuras públicas de fama local e internacional.

Ante iniciativas poco estudiadas y reflexionadas, lanzadas con premura, así como generalizaciones muy aventuradas, o bien, justamente en contradicción absoluta con las labores de otros sectores —bien sea gubernamentales o legislativos—, se provoca una reacción inmediata, vigorosa, muy escuchada y visibilizada por parte de nuestros santones audiovisuales —bien sean directores, actores, productores, escritores o fotógrafos—, para sacar agua de un barco que pareciera estar a punto de encallar.

Y es que evitar el hundimiento salva la vida, cierto, pero impide reflexionar la ruta de navegación y pensar siquiera en modificarla.

El más reciente ejemplo de estas contradicciones del partido en el poder ocurrió esta semana. Primero, porque la solicitud de respuestas a 43 interrogantes, todas ellas planteadas en una misiva pública —por representantes de los distintos gremios del cine— a la realizadora María Novaro, actual directora del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), en torno a dos principalísimos temas: los recortes presupuestales realizados ante la emergencia sanitaria a causa del COVID-19 y la integración del Fondo para la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine), extinto por el decreto presidencial que fue publicado el pasado 2 de abril en el Diario Oficial de la Federación.

Estas cuestiones se resolvieron con un primer conversatorio público de la funcionaria, moderado por su colega Natalia Beristáin, realizado en línea durante el mediodía del martes 19 de mayo. Una hora y media de diálogo logró tranquilizar a este grupo multidisciplinario al reiterarles que el Foprocine no desaparecerá, sino que será transformado e integrado al Fondo de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine); tal y como se acordó durante el 17 de abril, entre las secretarías de Cultura, de Hacienda y de la Función Pública, sin que esto afectase el tipo de películas que subsidia ni el monto anual del que dispone, que asciende a 170.6 millones de pesos.

Empero, el convencimiento de la comunidad fílmica hacia la buena voluntad de la actual administración federal —representada por la funcionaria— duró apenas unas horas, pues al día siguiente, el miércoles 20 de mayo, la diputada Dolores Padierna —en representación del Grupo Parlamentario de Morena— presentó una iniciativa para reformar y derogar disposiciones de distintas leyes, entre ellas, la Ley Federal de Cinematografía, en los artículos —que van del 33 al 38— que prevén la creación, los objetivos y reglas de operación del Fidecine.

La medida, explica la legisladora, busca allegarse recursos ante esta crisis de salud, combatir la opacidad, discrecionalidad y nula rendición de cuentas de algunos de estos fondos, y utilizarlos para emergencias; así, en amplio, todo en concordancia con las regulaciones de la austeridad republicana.

 

Fuente y foto: Notimex/eap

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