La Bolsa

Luison

Están cerca los minutos. Dentro de un ratito. Unos cuantos segundos faltan para su cumpleaños.

Antes de que brote la aurora de este 22 de mayo, estará cumpliendo un aniversario más de frondosa vida uno de mis mejores amigos:
El Licenciado Luis Fernando Moreno Gilbón.
Por supuesto no puedo dejar pasar tal acontecimiento, ya que los detalles de tantas horas, de muchos días de mucho tiempo de vecindad cercana, de proximidad familiar, de cotidianidad estudiantil y de sociedad laboral, han nutrido infinidad de capítulos, episodios y experiencias de vida.
No alcanza cualquier dimensión de ningún pastel ni cantidad alguna de frases para felicitarlo.
Son tantas aventuras, negocios y circunstancias compartidas.
Saudades, gratas e ingratas, que no se logran apreciar en los garabatos de un par de renglones.
Si para algo sirve la tecnología es precisamente para que podamos hacer llegar nuestra saludo en el momento que se quiera, a cualquier parte del mundo a través de señales y mensajes de muchos tipos, compartiendo por las redes sociales imagenes, canciones y frases, oportunamente, en tiempo y forma.
Entonces que no veo porque limitar mis deseos para desearle lo mejor en su día, en cuanto comience, a este insustituible amigo siempre puntual y preciso, siempre pronto y expedito y presente, con prestancia en todo incidente u ocasión de necesidad, peripecia u ocurrencia. En cualquier pachanga o duelo: Luisón, es cuerpo y alma, pensamiento y acción.
La cartera más rápida del oeste.
No será casualidad que hoy, como siempre, resultará buscado por tantos y cuantos lo conocemos y lo apreciamos y lo respetamos.
El, como un verdadero
gurú de los abogados, como la estrella de este día, de su maravilloso nacimiento, se dará el espacio para significarlo, cumpliendo los protocolos sanitarios y guardando la sana distancia.
Para algún despistado, de esos que no faltan, en la cuarentena que vivimos, permítame significar que vengo refiriéndome al gran Luisón, uno de los descendientes de esa respetable familia de los Moreno Gilbón, herederos de un enorme y bien ganado prestigio social y profesional.
Podríamos hablar de infinidad de momentos, pasajes, y de cualquier fragmento de su existencia, y en todos encontraríamos materia para disfrutar de anécdotas excelentes, oportunidades exquisitas, lecciones excelsas.
Como abogado, Luisón, resulta un señorón. Inteligente, acucioso y esforzado. Extraordinariamente generoso con sus semejantes a quienes comparte sus estudios y su tiempo y su esfuerzo para ayudar a librar cualquier entuerto, cualquier obstáculo, cualquier arbitrariedad.
Personaje justo en su opinión y en su actuación.
Hombre de lucha, con ética a toda prueba en su comportamiento.
Padre ejemplar, amoroso y orgulloso de su hija y de su hijo.
Su servidor, como muchos de sus amigos hoy, quiero darle mi saludo y mi gratitud, porque es sin duda alguien muy especial. Dije ya que, sin ninguna justificación ni excusa, siempre está ahí, cercano y solidario.
En ocasiones es complicado abrir nuestro corazón a los demás, los mecanismos de defensa de nuestra mente y el mundo de competencia donde nos desarrollamos, pueden provocar que momentos de demostración de cariño hacia los nuestros queden ocultos por la penumbra de algunos temores o recelos. La suspicacia y la malicia en ocaciones nos ponen barreras inicuas, que nos hacen olvidar que un amigo es un regalo que uno mismo se proporciona, elevado al caracter de hermano.
En tal razón: Hoy, simplemente, quiero agradecerle a
Luis Fernando Moreno Gilbón, lo mucho que significa su amistad; por lo que me ha valido en los momentos en que la vida me ha hecho trastabillar y por ese consejo y respaldo valioso de amigo en los instantes en que no he alcanzado a descubrir por cual camino continuar.
Gracias,
por los tiempos en que ahí ha estado cerca: Preciso y pendiente. nomas por eso, creo que merece que se lo diga, de manera epistolar para que sirva de recordatorio; para sepan que yo si tengo un gran amigo.
Que en todo camino y jornada está siempre conmigo.
Gracias, por estar ahí.
Nos hemos divertido juntos y nos hemos reído mucho, hemos construido sueños, pero también hemos compartido ciertas tribulaciones.
No soy el amigo perfecto, pero quienes sabemos de la vida entendemos que un amigo es
alguien que nos conoce de verdad, pero nos ama de todas maneras.
Gracias, por ser como eres, por ese corazón gigantesco que tienes. Por eso y por muchas otras cosas te mereces lo mejor, porque eres de los seres humanos más sinceros, bondadosos y trasparentes que conozco. Directo y franco hasta chocar con quienes no te conocen en realidad, porque tu sinceridad, tu forma de ser, rebasa la capacidad de tolerancia de los fundamentalistas y los radicales: Eres imprescindible, obligatorio y sine qua non.
Que Dios continúe iluminando cada uno de tus pasos.
No te vayas nunca.

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