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San Juan destrozado, alcalde es un títere…

Andrés Valencia vendió su alma al diablo y San Juan está pagando las consecuencias. Pusilánime como es siempre ha sido un satélite, una rémora de los tiburones que en dos períodos han sumido a San Juan Evangelista en el retroceso y lo han convertido en un pueblo fantasma.

Habido de poder, De sentirse importante y salir de la oscuridad, Valencia primero se entregó al anterior alcalde; puso a su servicio lo poco que había logrado en su andar en colonias y comunidades al mejor postor.

Cuando una vez más le dijeron que no tenía espolones para pelear la presidencia municipal y que de candidato iría el junior del hombre en el poder, Andrés Valencia optó por lo que sabe hacer muy bien, abandonar el barco y empezar a trabajar para sus propios intereses.

Aprovechó la coyuntura y se ofreció al mejor postor: los “enemigos” acérrimos de quien movía el pandero y a río revuelto, llegó al palacio municipal.

Pero ahí no gobierna, no es la primera autoridad, todas las decisiones las toman sus titiriteros, él solo obedece órdenes y casi pide permiso para poder comerse un plato de frijoles. Pero está feliz pues ha hecho unos ahorros y circula en camioneta semi nueva, con vidrios polarizados siempre arriba, como para esconder a quien siempre lo acompaña.

Pero esos enjuagues de Valencia, han sumido al pueblo en su peor retroceso. No hay obra pública y la poca que hay la deciden y ejecutan quienes mueven los hilos. Incluso los constructores ningunean a Andrés Valencia y los arreglos los hacen directo con quienes mandan en la oscuridad.

De tal suerte que las obras no han sido las que requiere la ciudadanía, sino las que les convienen a los patrones de Andrés Valencia.

Por eso las protestas diarias en las redes sociales y en vivo en el palacio, los caminos que no sirven a sus “amos” están destrozados y de eso enviaron fotos a DIARIO ACAYUCAN, que aquí las publica en afán de que se atiendan esos reclamos.

No se sabe en qué momento un luchador social –así se auto llamaba- como Andrés Valencia perdió la dignidad y entregó sus ideales y su trabajo de muchos años.

No hay duda que es un líder que ha caminado y conoce las necesidades del pueblo, ha estado en varias luchas electorales siempre buscando mejoras, pero también –es válido- sacando provecho personal.

Pero ahora se entregó de lleno y con ello puso en bandeja de plata el erario, el poder municipal y todas las decisiones del palacio a unos cuantos, por encima del pueblo.

No es tarde para que retome el camino y rescate un poco de la dignidad perdida. Que trabaje en favor del pueblo, sino tiene los tamaños para solicitar lo que entregó, por lo menos que pida permiso para tomar decisiones que beneficien a la mayoría.

Andrés Valencia olvidó sus orígenes y echó por la borda lo que le costó sudor y suela acumular con el paso de los años. ¿Vale la pena?

El títere puede rebelarse, aunque sea a valores entendidos.

 

 

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