Los ataques prueban que, en un mundo hiperconectado, las infraestructuras críticas son vulnerables. Esta vez fueron los supermercados, mañana puede ser un hospital
Decenas de supermercados de al menos siete países europeos amanecieron este lunes con parte de su género estropeado. Un ciberataque subió la temperatura de las cámaras frigoríficas de varios establecimientos, en algunos casos hasta los 50 grados, echando a perder productos frescos y congelados. Los países más afectados fueron Bélgica y Suecia, pero también se registraron problemas en Luxemburgo, Países Bajos, Irlanda, Estonia y Finlandia.
Lo llamativo del caso es que pasó exactamente lo mismo hace tan solo tres semanas, esta vez en Francia. Tanto en ese incidente como en el de este lunes, los ciberdelincuentes lograron entrar en el software usado para controlar a distancia los sistemas de refrigeración, para subir a continuación la temperatura de las cámaras frigoríficas.
Qué se sabe del ciberataque
El ciberataque no se ha lanzado sobre el software de las cadenas de supermercados afectadas. “Por lo que sabemos, se ha dirigido sobre los controladores y supervisores de refrigeración comercial conectados a internet”, explica David Arroyo Guardeño, científico titular del Grupo de Investigación en Ciberseguridad y Protección de la Privacidad (GICP) del CSIC. “El vector de ataque, como en tantas ocasiones, explota interfaces de acceso con fallas de autenticación o autorización. También se han identificado redes de mantenimiento remoto desactualizadas gestionadas por subcontratas locales de climatización y mantenimiento de frío comercial”, indica el informático.
La empresa en el centro del huracán es la danesa Danfoss, una multinacional especializada en sistemas de refrigeración y climatización industrial. El ataque ha sido técnicamente sencillo ―no se ha usado inteligencia artificial (IA) ni parece que haya requerido mucha preparación―, pero ha tenido un gran impacto por haber afectado al sector de la distribución.
Quién ha sido
Es pronto para saberlo. Nadie ha reclamado por el momento la autoría del ataque, ni hay ninguna pista que lleve a conclusiones válidas en este ámbito. “La agencia de ciberseguridad francesa (Annsi) y los servicios de inteligencia de los países afectados lo están tratando como cibersabotaje para colapsar la cadena de suministro alimentaria, y barajan tanto la hipótesis de hacktivistas pro-estatales con fines de guerra híbrida y desestabilización en países europeos como la de grupos criminales oportunistas explotando paneles de control mal configurados”, señala Arroyo.
Qué implicaciones tiene
Los ciberatacantes han demostrado que tienen la capacidad para interceptar las cámaras de frío. Eso debería tomarse como una advertencia. Esta vez han sido supermercados, ocasionando pérdidas económicas a algunas empresas comerciales. Pero la situación podría ser mucho peor. Por ejemplo, inutilizando sistemas de refrigeración de vacunas en un contexto de pandemia. De ahí que deba leerse como una advertencia.
El acontecimiento muestra varias cosas. Para empezar, el hecho de tener miles de sistemas conectados hace que la superficie de ataque (es decir, los dispositivos o procesos susceptibles de ser hackeados) sea cada vez mayor. Los expertos en ciberseguridad suelen decir que la mejor forma de proteger algo contra un ciberataque es no conectarlo; cualquier archivo o programa conectado a internet puede tener algún fallo.
Algunos de esos sistemas conectados controlan procesos físicos esenciales, como la cadena del frío, el suministro energético o las infraestructuras hídricas. Eso significa que, si se descubre una vulnerabilidad (o fallo) en el software con el que se opera alguno de esos sistemas, se puede explotar desde cualquier lugar del mundo con conexión a internet.
Por qué en Europa
Esta vez ha sido en Europa, pero no siempre es así. El Pentágono ha revelado esta semana que está investigando como ciberataque unos fallos registrados en agosto en las cámaras frigoríficas de varias bases militares estadounidenses.
DIARIO DE ACAYUCAN La Voz de la Gente