Historiadores que han estudiado a fondo la guerra entre México y Estados Unidos, como José Manuel Villalpando, aseguran que, si bien es un mito que Juan Escutia se haya arrojado al vacío con la bandera, sí existió un héroe que se envolvió con el lábaro patrio para que no cayera en manos de los invasores estadounidenses: el capitán Margarito Zuazo.
De acuerdo con Villalpando, Zuazo era miembro del Batallón Mina y participó el 8 de septiembre en otra batalla legendaria: la del Molino del Rey. Ese día, debido a errores estratégicos, como la falta de apoyo del general Juan Alvarez, quien no acudió con su división de caballería a reforzar a las tropas mexicanas, éstas cayeron ante el embate de los estadounidenses.
Cuando la derrota era inminente, pues ya habían sucumbido casi todos sus compañeros, el capitán Zuazo fue gravemente herido, pero siguió luchando con la valentía que le caracterizaba y protagonizó una hazaña que describe de manera puntual el conocido historiador, poeta y político liberal Guillermo Prieto.
Prieto relata que la cercanía de los estadounidenses no amedrentó a Zuazo. Con las pocas fuerzas que le quedaban regresó a combatir. Finalmente sucumbió, pero logró salvaguardar el lábaro patrio bajo su uniforme.
Hoy, la bandera con las manchas de sangre de Zuazo, se encuentra en el museo del Castillo de Chapultepec como una preciada reliquia y un auténtico testimonio de la valentía de muchos héroes que, como él, no están en las páginas de la historia oficial.
DIARIO DE ACAYUCAN La Voz de la Gente