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El pirul, el regalo que nos llegó desde Perú

pirul

Contrario a lo que solemos pensar, el pirul no es un árbol originario de México. Sin embargo, su presencia ha embellecido nuestros paisajes y cultura.

El pirul (schinus areira) es uno de los árboles con mayor presencia en los paisajes de nuestro país. Sus aromáticas ramas con frutos embellecen las calles y parajes de números pueblos y ciudades. La magnitud de su presencia nos hace pensar que se trata de un árbol endémico de México, ya que alrededor de él se tejen numerosas leyendas e historias. Sin embargo, no es así.

 

El pirul es un árbol perteneciente a la familia Anacardiaceae y es originario de América del sur, mide entre 6 y 8 metros de altura, y en condiciones excepcionales hasta 25 metros.

Son árboles cuyo tamaño puede varias según el terreno en que se encuentren. Su corteza tiene tonos entre grises y ocres. Posee hojas alternas de pequeño tamaño, mientras que su fruto es globoso, de 5 a 7 mm de largo y posee una resina dulce y aromática.

Gracias a su fuerte resistencias, el pirul tolera tanto la sequía como los climas semidesérticos, aunque puede morir durante las heladas. Todo ello ha influido en que se plante en todo el mundo, teniendo una gran adaptación. Para el caso de México, el pirul se encuentra asilvestrado.

Debido a ello, podríamos pensar que el pirul es un árbol originario de México, sin embargo, se trata de una especie importada. Tras la llegada de los españoles a Perú,  la majestuosidad y belleza del pirul impresionó a los conquistadores, tanto que desearon llevarlo a España y a sus territorios, bautizándolo bajo el nombre “Árbol del Perú. Con el tiempo el nombre se deformó en México hasta pirul. También recibe nombres en náhuatl como copalquahuitl pelonquqhuitl.

Además de su belleza, el pirul también posee propiedades curativas. Su corteza y resina sirven como antiespasmódicas y cicatrizantes. La infusión de los frutos ayuda a combatir la retención de orina. El agua de las hojas infusionadas alivia el reumatismo y los dolores de la ciática.

Finalmente, sus semillas se emplean como “pimienta roja” para dar sabor a los alimentos. Al frotar las hojas o frutas en la piel se genera un repelente natural de mosquitos. Su arraigo en la cultura mexicana es tal, que los mismos indígenas utilizan sus hojas para limpias y rituales, además de tenerlo en alta estima.

 

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