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¡Felicidades!… Doña Carmen de la Fuente Fernández

Cumplió años, este 22 de diciembre, la señora madre de mis amigos Luis Carlos, Omar, Giovanni y Jorge, quienes suspendieron sus compromisos de trabajo, para disponer de cuerpo y alma, a efecto de pasarla, conforme a todos los filtros y medidas sanitarias, junto a la autora de sus días.

Ella es viuda, desde hace 26 años, cuando partió de este mundo aquel inolvidable, inigualable e irrepetible, profesor Luis Carlos Acuña Aguirre, nuestro querido y recordado amigo, el profesor “Chicho”. 

Tan apreciada dama es la tercera de cuatro hermanos: Juan José, Sandra y Eugenia.

Hija consentida de don Ángel de la Fuente Rojas y la señora Josefa Fernández Aguirre.

Uno se entera de muchas maneras de fechas y de festividades; por el martirologio, el santoral los almanaques y por el Facebook, sabemos de cada uno de los onomásticos habidos y por haber.

Para algo importante sirven estos artefactos, invento de hombre blanco y brujería contemporánea.

La señora Carmelita debe cumplir, según mis cálculos matemáticos, nada confiables ni fidedignos, la cantidad de 72 años de edad

En ese tenor, con serenidad pretendo, intento y necesito garabatear algo, de cierta categoría, para significar su especial aniversario, desde mi condición y circunstancia, difícil, donde tratamos de continuar. 

El camino es sinuoso e irregular, pero hay que caminarlo dando gracias a Dios.

Conocemos a doña Carmelita desde hace mucho tiempo, con esa personalidad, discretamente notable y hermosa. Puntual y aplicada a sus labores que brindó responsablemente durante muchos años en algunas instituciones educativas como la secundaria Federal Fernando López Arias de Jáltipan, Veracruz, y nuestra Secundaria Federal Acayucan.

Mujer respetable, de figura espigada, que no se ajusta a los moldes del deber ser de las mujeres de otras épocas. No es la abuelita clásica, con 8 nietos, que busca parecer a nuestras consagradas de cine mexicano: doña Sara García y doña Prudencia Griffel.

Es un personaje de nuestra escenografía urbana con despliegue de una serie de temáticas insumisas, en las que la que su voz y sus pasos disponen y mandan y desafían, con cierto placer, y me atrevo a decir que hasta con una considerable dosis de humor, actividades financieras y empresariales.

La he observado en su tierna y cordial autoridad femenina y, con ella, una serie de prácticas amorosas para sus descendientes. Es como las flores, en su vida y en sus sueños, una promesa, un deseo, un acto de cariño que se ha venido cumpliendo en la trayectoria de su valiosa vida.

La miro repartir besos a sus criaturas y me acomodo por ahí en el deseo de que me alcancen sus bendiciones, ahora que más falta nos hacen.

Con su mano blanca, cuál ala de ángel, realiza, en la oportunidad, trazos de sacralización que producen, en su hechizo místico, un sortilegio que  nos causa cierto frenesí.

Con sus palabras advierte parsimoniosamente a sus vástagos a manera de queja o advertencia sutil, sonriendo: En ese afán de madre que nunca termina por procurar mesura y cuidado.

Sus sentencias resultan como pellizquitos que dejan a la piel amoratada.

Su sonrisa fluye callada, su esplendor nos envuelve, su presencia es una gracia.

Yo no escribo a las flores, las cultivo. Las contemplo y las distingo. A veces las recojo del suelo o las agarro del cielo de la poesía. Evoco y convoco ese poder y la belleza que tienen, las flores humanas, ellas son como el seto y la nube  por donde deberíamos guiar nuestro destino.

Hablo si, de las flores, como doña Carmelita, me gustan, por su esencia y su fragancia, porque son precisamente necesarias e indispensables: Por más hermosas que son, nunca pierden el piso.

Celebremos con gusto: señoras y señores en este día de placer tan dichoso, que su pastel le resulte sabroso, y no deje de tomar su Losartán.

Termino señalando para nuestra querida vecina, que son  tiempos de  contigencia y de confinamiento civil, complicados, pero son los momentos que nos han tocado vivir, y debemos agradecer a Dios.

Por lo demás, usted y sus oraciones resultan el presente mas valioso para su familia.

Cierre los ojos y sople, muy fuerte, a las velitas para que todos sus deseos se conviertan en realidad. ¡Felicidades!.

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