Lorena Sánchez, historia de una traición

Parte I de 3
Ignacio Carvajal
Acayucan

Desde finales del 2020, Lorena Sánchez Vargas se presentó al rancho El Mexique, propiedad del empresario limonero Erasmo Vázquez González, quien cuenta con un amplio liderazgo en la región sur de Veracruz.
En muy malas condiciones económicas, con un teléfono con el display estrellado, afectada por las deudas, y fracasada en diversos proyectos políticos, Lorena Sánchez comenzó a frecuentar al empresario limonero, así como a sus hijos, para solicitarles el respaldo de su popularidad rumbo a las elecciones del 2021 por la alcaldía de Sayula.
Cuando se supo que Lorena era la carta fuerte de Erasmo y sus hijos Juan Carlos y Miguel Ángel Vázquez para contender por la alcaldía de Sayula de Alemán, más de una voz dijo al oído de los empresarios que se trataba de una mala decisión y que en corto plazo, si ganaba, mostraría su verdadero rostro.


Con la carita agachada, siempre al punto del llanto, cargando como un estigma el membrete de madre soltera y de mujer de lucha, Lorena Sánchez no perdía oportunidad para victimizarse ante los empresarios limoneros, aunque de ella ya manaba el tufo de la traición y la ingratitud.
A pesar de ello, contó con el voto de confianza del grupo político de Erasmo y sus hijos, líderes de ejidos, de agencias municipales, de docenas de pueblo de la región siguieron a Lorena Sánchez en su travesía política que comenzó a tropezones por su falta de experiencia, pobreza de lenguaje y evidentes problemas de dicción, los comentarios negativos de que era una mala persona no hicieron esperar.
Incluso, en alguna ocasión, durante una rueda de prensa que ofreció en conocido hotel de Sayula de Alemán se convirtió en la burla de todo el pueblo después de hacer una declaración donde afirmó protestar “energéticamente”, en lugar de “enérgicamente”.
Los asesores que le acercó el empresario Erasmo Vázquez a la hoy alcaldesa de Sayula de Alemán, por más que le explicaron como debía decir la palabra “enérgicamente”, incluso le acercaron un papel con la palabra escrita pero fue inútil, la estulticia de la candidata no dio para más y se convirtió en la burla de todo Sayula y Acayucan.
Más pronto que tarde, Lorena mostró el cobre, y también su familia.
De los recursos que se empleaban a diario para movilizar operadores, afanadores y promotores del voto, una parte era “pellizcada” diariamente por su hermano Omar Sánchez Vargas, así como por su sobrino, Luis Fernando.
Cuando este par de pillos recibía el recurso para mover la estructura política, aparecían de pronto en Acayucan comprando ropa en las conocidas plazas comerciales, prendas que posteriormente andaban presumiendo entre el equipo de campaña.
Eso no es todo, el recurso también daba para grandes comelitonas en la Leña Loca, las cuales servían para agasajar a la hoy alcaldesa, así como a su familia, lejos de apoyarla con su mano de obra, algunos de sus hermanos y su sobrino, pidieron sueldo durante los dos meses que duró la campaña.
Constantemente ese era uno de los temas más incómodos entre los patrocinadores de Lorena Sánchez y la evidente ambición que comenzaba a demostrar su familia.
Nunca tenía dinero, algo que distingue su personalidad es que le debe dinero a numerosas personas, incluso, a los escoltas y a las secretarias que tuvo, a todo el que estaba en su círculo cercano le pedía de 100, de 200, hasta de 50 pesos, lo que nunca pagaba, y si le cobraban, se molestaba.
En poder de este reportero, por ejemplo, obran capturas de pantalla de conversaciones con la esposa de don Erasmo Vázquez en donde ella le agradece incluso por haberle dado dinero para pagar la niñera de su hijo H.V.S, el 14 de septiembre del año pasado ella agradece el recurso prestado por “con lo del maquillaje para verme bien en las lonas, nada más esté bien, hermana, me pongo al corriente contigo”.
A ese nivel con la señora alcaldesa, pedía prestado a los benefactores hasta para el maquillaje que se ponía, pues no contaba con recursos, ahora, el fondo del pleito y la ruptura que ha encaminado, es su gran ambición, por lo que no le importa parecer la más ingrata en medio de una serie de contradicciones, y afectar a las personas que más le tendieron la mano, incluso, ni Judas se atrevió a tanto.

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