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¿Pueden vacunarse contra COVID, niños, alérgicos, embarazadas, lactantes, pacientes con cáncer o inmunosuprimidos?

Sociedades médicas elaboran consejos sobre inmunización para grupos especiales de población. También quienes toman anticoagulantes o van a operarse.

AGENCIAS.- Pese a su ritmo incierto, a toda la población le llegará el momento de tener la opción de vacunarse contra la covid. Con la evidencia disponible, la Federación de Asociaciones Científico Médicas (Facme) elabora pequeñas guías para ayudar a los que duden. Estas son las primeras:

Lactancia. “La administración de vacunas a una mujer que está amamantando no constituye ningún riesgo para ella misma, la lactancia ni para el bebé”, señala el documento correspondiente, que añade que con la única salvedad de la vacuna de la fiebre amarilla, “todas las vacunas atenuadas e inactivadas de las usadas hasta ahora han demostrado ser seguras para el lactante. Además, los anticuerpos maternos producto de la vacunación tienen el potencial de llegar a la leche materna y contribuir a la protección del lactante, por lo tanto, el documento concluye que “la vacunación de la madre frente a la covid-19 se considera segura para la propia mujer, para la lactancia, así como para el bebé”.

Embarazadas. La ficha señala que, por lo que se sabe hasta ahora, “las embarazadas presentan riesgo mayor de covid-19 grave, ingreso en UCI, necesidad de ventilación mecánica y muerte que la población general, aunque el riesgo absoluto permanece bajo. Además, podrían tener un riesgo incrementado de efectos adversos relacionados con la gestación, como el parto pretérmino”. Ante la escasez de ensayos, y pese a que los experimentos en animales “no indican efectos dañinos directos o indirectos con respecto al embarazo, desarrollo embrionario o fetal, parto o desarrollo posnatal”, se recomienda que “a la espera de la obtención de más datos y en base al principio de precaución” no se proponga “la vacunación generalizada a las mujeres embarazadas en esta primera etapa”.

Niños y adolescentes. El documento recoge que de las dos vacunas aprobadas hasta ahora en la UE, la de Pfizer y BioNTech está indicada a partir de los 16 años y la de Moderna, a los 18. Dado que, además, los niños y adolescentes se ven menos afectados por la enfermedad y que estas vacunas no cuentan todavía con información sobre la eficacia y seguridad en niños y adolescentes de menor edad, se aprueba la decisión de las autoridades de no vacunar de momento a este grupo de población. Sin embargo sí se ha visto que hay algunos casos en que hay una mayor carga infecciosa, como los “de mayor edad, los adolescentes, y los que sufren trastornos neurológicos o discapacidad cognitiva, incluido el síndrome de Down”, y los institucionalizados. Para ellos se puede “valorar de forma individualizada la conveniencia de ser vacunados” en dos fases. Primero (actualmente) los que sean grandes dependientes. Luego los mayores de 12 años con “trastornos neurológicos y cognitivos que acuden o residen en instituciones“.

Personas con cáncer. Son un grupo a priorizar puesto que tienen mayor riesgo de mortalidad por covid-19. Y, dentro de ellos, habría que empezar, por su mayor riesgo, por los que “están recibiendo tratamiento para el cáncer o los que tienen un cáncer avanzado, especialmente los pacientes con cáncer de pulmón y neoplasias hematológicas”, advierte Facme.

Personas con inmunodeficiencias o que toman inmunosupresores. Se deben vacunar. Además, como en otros grupos de población, una de las ventajas de las vacunas aprobadas es que están basadas en el ARN [instrucciones para fabricar proteínas], “que es rápidamente degradado en el interior celular y no tiene capacidad de inserción ni de replicación”. Otra cosa sería si se tratara de medicamentos con virus atenuados o inactivados, indica la ficha, que insiste en que estas personas se vacunen también de la gripe y el neumococo. No hay que suspender el tratamiento inmunosupresor (por ejemplo en trasplantados) para vacunarse. En el caso de los trasplantados, Facme advierte de que no hay ensayos específicos de vacunas, pero dice que “no es esperable que el perfil de seguridad de la vacuna sea diferente del observado en la población general. Asimismo, y dadas las características de la vacuna, no es esperable un incremento en la incidencia de rechazos agudos”.

Personas con alergias. Se pueden vacunar salvo que hayan tenido reacciones a alguno de los componentes de los medicamentos. En el caso de los fármacos de Pfizer y Moderna, contienen polietilenglicol, que puede dar reacción. Ninguna contiene trazas de huevo ni de antibióticos. Pese a ello, hay que tener precaución con personas que hayan tenido anafilaxias o reacciones alérgicas fuertes, como disponer de la medicación adecuada en caso de que haya una respuesta alérgica y tener a las personas en reposo. La Facme da un cuadro con distintos niveles de gravedad. Además, la federación aconseja, si la primera dosis provoca una reacción alérgica moderada (urticaria aguda generalizada, angioedema, broncoespasmo o disnea aislada) esperar a una evaluación del alergólogo para recibir la segunda. Si la reacción es grave (anaflaxia), el consejo es no poner la segunda dosis, salvo que el servicio de Alergología considere lo contrario. La Sociedad Española de Farmacia Hospitalaria (SEFH) aconseja, además de vigilar la alergia al polietilenglicol de la vacuna de Pfizer y Moderna, tener en cuenta la presencia de trometamol en la de Moderna, y de polisorbato 80 en la de AstraZeneca.

Pacientes que toman anticoagulantes. Se deben vacunar, ya que “la vía de administración intramuscular de las vacunas contra la covid no supone una contraindicación en pacientes anticoagulados ni con trastornos de la coagulación”, afirma Facme. Pero habrá que tener cuidado según el tipo de medicamento que toman para que la inyección se ponga cuando los valores del índice de coagulación sean correctos, y usar aguja fina.

Pacientes que se van a operar. Hay que evitar que ambos procesos, vacunación e intervención, interfieran, pero sin impedir ninguna de las dos, dice Facme. Clínicamente no debe haber problema si se mantienen ciertas salvaguardas, como evitar vacunar justo antes de operar para que no coincida una reacción a la inmunización con el posoperatorio, y, de la misma manera, no vacunar hasta que el paciente se haya recuperado. Para vacunas de virus atenuados o inactivados, tener cuidado no sea que la intervención lleve aparejado algún tipo de inmunodeficiencia.

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