La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció que podría presentar una queja formal, con ello el derecho internacional moderno vislumbraría un nuevo debate sobre el impacto de las empresas tecnológicas sobre la percepción global de la geografía y también de la soberanía de los países.
“Vamos a cambiar el nombre del Golfo de México a Golfo de América. Es un hermoso nombre y es apropiado”. Con esta promesa de campaña, el ahora presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, comenzó su mandato y firmó el decreto para el cambio de la denominación que ya se refleja en documentos oficiales, dejando atrás que el Golfo de México fue nombrado así por exploradores europeos durante la conquista española en el siglo XVI, incluso antes de que Estados Unidos tuviera su conformación actual.
Trump y sus seguidores argumentan que dado que una parte del golfo toca territorio estadounidense, debería llevar un nombre más “patriótico”.
Sin embargo, no sólo Trump estaría cayendo en irregularidades, también Google Maps. Esto es porque después de lo dicho por el mandatario, Google Maps modificó el nombre al territorio marítimo comprendido en la plataforma continental que corresponde a Estados Unidos, así como también al ubicado en el territorio mexicano, esto desde el punto de vista jurídico infringe leyes por caer en desinformación y violar los derechos internacionales de las materia, al contradecir la nomenclatura oficial reconocida por la Organización Hidrográfica Internacional y la ONU.
Es por esta situación que Sheinbaum notificó que podría presentar una queja formal, lo que generaría un duro debate.
Más allá de la vía legal, el gobierno mexicano tiene opciones diplomáticas y regulatorias para presionar a Google, pudiendo exigir que se respete el nombre oficial en todas las versiones del servicio, invocando precedentes de rectificaciones cartográficas previas, además, si este cambio afecta acuerdos comerciales de navegación, México podría elevar el asunto a instancias internacionales, siendo de los primeros países en desafiar a una empresa tecnológica en temas de geopolítica y este caso podría sentar un precedente sobre hasta qué punto el sector privado puede influir en la narrativa global.
Algo está dicho, renombrar el Golfo de México no tiene sustento legal y nada más es un gesto simbólico sin validez, pero que representa una clara violación jurídica, los nombres históricos no se cambian sólo porque a un líder o a una compañía se le antoja, así que por mucho que Trump insista, como lo dijo Sheinbaum, el Golfo de México seguirá llamándose así, les guste o no.
Esmeralda Ixtla Domínguez
DIARIO DE ACAYUCAN La Voz de la Gente